Un maestro, un aprendiz.

Aprender un oficio.


Después de 10 años trabajando con las luces te das cuenta de lo mucho que queda por aprender. Por evolucionar y crecer. Aquí no llegas sabiéndolo todo. Ni por asomo

No miento si digo que mi profesión es un 80% experiencia.

Tienes teoría, que importa y es necesaria para saber el porqué y como funciona.  Esa es la teoría…

Pero la práctica…

Esa sí es la madre de nuestro trabajo. Rodar y rodar y más rodar para saber más. Y siempre hay que tener en cuenta que no ganarás experiencia si no hay nadie que sepa más que tú. Un maestro. 



Un maestro es el que enseña al aprendiz.

Maestro: m. y f. Persona que es práctica en una materia y la maneja con desenvoltura.

Aprendiz: m. y f. Persona que aprende algún arte u oficio.

Yo he tenido varios maestros, cada uno con sus teorías, manías y miedos. De ellos he aprendido muchas cosas, tanto lo bueno como lo malo. Como localizar, tratar al equipo, trabajar una luz, distribuir líneas, cerrar un parte… 

Unos me decían. “Iluminar es hacer que la luz haga lo que tú quieras”, otros decían “niño el teléfono en la cabina”. Pero siempre te enseñaban, con palabras o con actos. Unos con más exigencia y otros con más paciencia.

Este oficio sobrevive porque nos lo trasmiten esas “viejas glorias”. Desconocidas para el gran público pero tan importantes para que esto siga funcionando.  Querer aprender, es sin duda fundamental.



Me han enseñado a estar en un rodaje. Para mi, de lo más importante que he aprendido. Cada uno con su forma. Pero no sólo con teoría y charlas sobre lo bueno y lo malo. Me hacían partícipe, me dejaban coger una bandera y cortar la luz, dirigir un aparato. Me daban “espacio controlado” para experimentar y probar.  Eso sí, siempre bajo su atenta mirada. Hay una frase que a muchos les gusta decir, generalmente de broma, pero a mi siempre me ha parecido perniciosa. “Para aprender, a la escuela”

Cuando das esos primeros pasos fuera de su ala, estás más seguro, más preparado. Te sientes orgulloso de como te han enseñado. Y siempre te acordarás de quien lo hizo. Y el maestro estará orgulloso, eso seguro.

Hace tiempo, cuando empecé, un compañero me preguntó que como me gustaba este trabajo. Le dije que es un veneno que te atrapa y que es bonito, muy duro pero muy bonito. Me dijo, que claro, recoger 100m de manga es precioso. Me reí, porque la verdad eso es un coñazo que te parte la espalda. Pero es parte de nuestro trabajo. Y no sólo te debes quedar con  lo malo.

Me acuerdo de esto y lo cuento porque lo que enseña un buen maestro es el amor por este trabajo. Por lo bueno y lo malo. Yo he aprendido lo que tengo y lo que no tengo que hacer observando y participando de ellos. Pero por encima he aprendido a respetar y a querer un oficio muy digno. Y eso es lo que me gustaría transmitir.

Mirad a los ojos a esos maestros de verdad. Buscad esa chispa que se enciende cuando cuentan las proezas que han hecho, rodajes imposibles que ellos resolvieron. Al fin y al cabo su vida ha sido y es este trabajo. Un maestro te hace participe de su ilusión por legar lo que sabe.  El orgullo de lo que está bien hecho y una pila de años al pie del cañón. Sin ese traspaso de experiencia esto no existiría. Y esto lo puedo decir de la mayoría de los departamentos que forman un rodaje.





Gracias, Félix, Pablo, Jose, Martín y a los que aún quedan por venir. 

Sin vosotros no haría nada de lo que hago. Maestros de la luz

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